La escena del licensing sigue evolucionando y, con ella, la forma en que interactuamos con las propiedades intelectuales. Tomemos el caso de La Casa de Bluey, cuya llegada a Monterrey no solo es noticia local. Es una lección interesante sobre cómo una IP infantil puede saltar de la pantalla a ofrecer una experiencia física completamente inmersiva. Bluey x BeFun no solo ha licenciado un personaje, sino que ha reinventado la forma en que ese personaje llega a sus fans, convertido en un espacio físico de miles de metros cuadrados, que se despliega y repliega desde una ciudad a otra. La información del producto puede consultarse en el sitio oficial de Bluey.
En lugar de ofrecer el clásico merchandising como camisetas o juguetes, la experiencia de La Casa de Bluey es el producto. BeFun, bajo la licencia de BBC Studios y Ludo, ha creado un formato escalable que no solo busca fiel representación de la propiedad intelectual, sino que también monetiza múltiples aspectos de la visita. Con más de 140,000 asistentes acumulados, la experiencia incluye recorridos interactivos, juegos en los que se busca a Floppy y la posibilidad de comprar productos oficiales.
Este concepto de Location-Based Entertainment nos hace replantear el licensing tradicional: aquí no vendemos un objeto, sino el acceso a un lugar temático en sí. Las familias pagan por entrar al encantador mundo de Bluey y, en el proceso, pueden disfrutar de escenarios diseñados basado en episodios de la serie. Todo esto se complementa con mercancías, fotografía profesional y momentos Meet & Greet con los personajes.
La Casa de Bluey demuestra cómo una inversión creativa y operativa robusta -en escenografía, narrativa y actividades- no solo se monta, sino que también se adapta a diversos mercados sin empezar desde cero. Esto convierte a la experiencia en una especie de ‘producto licenciado itinerante’, donde tras instalarse en ciudades como Santiago de Chile y Ciudad de México, ahora Monterrey es la estrella actual, y Guadalajara está próxima a recibirla.
BeFun, con su portafolio de proyectos como Hot Wheels City Experience o Family Fest powered by Hasbro, ha mostrado que el modelo es replicable y exitoso. En el núcleo del negocio de la empresa está expandir y profundizar la conexión emocional de las marcas con sus fans, llevándolas más allá de lo que un producto físico podría ofrecer.
Para el sector del licensing, este modelo ofrece nuevas oportunidades de monetización. Sin revelar la estructura económica específica de los contratos, queda claro que cada boleto vendido en La Casa de Bluey representa ingresos no solo para el operador, sino también para los creadores de la IP, aunque los detalles porcentuales se mantengan en secreto.
Al final del día, la verdadera lección de Bluey es que las propiedades intelectuales ya no están confinadas a morir en una pantalla o un producto tangible; pueden convertirse en una experiencia envolvente que cruza fronteras, literal y figurativamente, demostrando la potencia de las IP como plataformas narrativas globales.
Mesa Editorial LMX
